Lo que le pasa al país es que la solución está en manos del problema

No entiendo que se utilice la situación actual para politizar todo. No comprendo de qué pueden servir las culpas, críticas y exigencias en este momento. Pedir, demandar o publicitar acciones que no ayuden a paliar o amenizar este virus en favor de no acrecentar otros igual de nocivos. No consigo asimilar por qué existe ese odio contra todo. La falta de empatía. Ese egoísmo. Esa forma de creernos con el derecho a poder juzgar o exigir lo cada uno queremos sin pensar en el resto. Por reclutar adeptos, por tener razón a costa de cualquier cosa, por protagonismo, pero, aunque lo creáis, jamás, por ayudar. Por mí primero y, después, por todos mis compañeros (si eso).
Considero que es momento de remar en una dirección todos juntos. Hay que solventar los problemas en orden de prioridad, pero no acrecentarlos. ¿Tan difícil nos resulta quedarnos en casa sin molestar? ¿Tan complejo resulta intentar amenizar la situación actual promoviendo el bienestar? Tenéis el humor, el cine, la música, la lectura, el ejercicio y, sobre todo, pensar en los demás.
Pero lo que ya no logro entender de ninguna de las maneras es qué debe pasar por la cabeza de cualquiera (sea de forma individual o colectiva) para lanzar un bulo. ¿Qué piensa alguien al lanzar al mundo información contraproducente o que pueda meramente producir miedo, tristeza o angustia al receptor? ¿Por qué están llenos las RRSS y nuestros móviles de basura política, demandas y mentiras?
Estoy convencido de que esto nos hará mejores personas, pero todos —me incluyo— debemos reflexionar. Porque cada uno de los que enviáis o publicitáis esa información, esas peticiones que no proceden, noticias falsas, perniciosas, sois cómplices de su difusión. Por tanto, os planteo un mínimo ejercicio de coherencia. Y si no es posible la empatía, al menos, comprobar su veracidad, independiente de quién os lo envíe a vosotros. Pensad si ahora realmente hay que buscar algún culpable o si es beneficioso difundir el miedo, generar tristeza o falsedades. Pensad si es un momento para quejarnos y hacer públicas las pataletas propias o ajenas. Recapacitad en el daño de unos datos que no sean reales, si alguien puede sentirse ofendido o damnificado mínimamente. Pensad, simplemente, en algo que no termine en vosotros mismos y os convierta en miserables ante los ojos de ninguna persona.

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