(Des) Protecciones

Desde que nació Luna, su hermano mayor, Javier, tuvo esa sensación agridulce que asumen los que fueron hijos únicos. Pensó que la atención de sus padres sería desviada hacia el nuevo miembro de la familia, y su amor quedaría dividido. Al mismo tiempo, también estaba convencido de que debía defender siempre a su hermana pequeña.

Cada día, Javier cogía a su protegida, y la abrazaba lo más fuerte que podía. Ella no dejaba de llorar. Luna era un bebé muy tranquilo y únicamente sollozaba de forma puntual, con una única excepción: cuando su hermano mayor la sostenía. Y cuanto más lloraba Luna en brazos de Javier, él la estrechaba con más brío.

El tiempo fue pasando, y nunca, por más fuerte que apretara a su hermana contra su pecho, consiguió calmarla. Entre los brazos del hermano mayor, siempre se encontraban los berridos y lágrimas del bebé.

Un día, cumpliendo Javier con su “oficio” diario, Luna lo miró a los ojos y pronunció sus primeras palabras: “No me gusta…”

Juan Manuel Ramírez Paredes. Cuentos sin retorno. Madrid (2018).

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