Añoranza

Ya nada queda de aquel primer contacto, de aquella feliz complicidad que compartimos en el mismo recinto, en la misma alcoba, tan cálida, tan acogedora, tan secreta. Con nuestros infantiles juegos, chapoteos, caricias y sensaciones compartidas. Nada queda, sólo un sombrío recuerdo, una imagen poco nítida, borrosa, tan sólo refrescada por las aportaciones de mis padres: No fue fácil, dicen, tú has tenido suerte, mucha suerte. El parto traía complicaciones. Tu hermana gemela no pudo superarlo.

Juan Manuel Ramírez Navarro

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