Amanecer en “La metamorfosis”

Ató sus zapatos y mirando fijamente sus cordones le recordaron a unas alas de libélula.

En su cabeza aún continuaba el zumbido de un enjambre de abejas en búsqueda de una luciérnaga que le indicase el camino a recorrer.

Al incorporarse, un hormiguero en las piernas por el letargo de haber pasado pegado a las sábanas cual pulga que absorbía su sudor y contaminaba sus sueños.

Así amaneció Gregorio Sansa, en busca del insecto que le impidió ir a trabajar.

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