Costumbres

Costumbre la tuya,

desacostumbrarme a todo;

costumbre la mía,

acostumbrarme a ti.

Todo de nada

—nada de todo —

volvernos la cara para robarnos un beso.

Dejo que me sigas

—nos seguimos —

sin dejar de perseguirnos

en un círculo que nos lleva a nosotros.

Soy de costumbres

y tanta lumbre

quizás me lleve a acostumbrarme a ti.

Ahora que te sé

—me sabes —

nos saboreamos sin saberlo.

Cruzamos la línea,

volvemos al principio del fin del mundo

para bailarnos

desvestirnos el alma

robada en una tienda de ropa de segunda mano.

Volvemos a los desvanes

las boardillas

entresijos de cuerpos que ya no nuestros

—de nosotros —

perdidos en una noche de Agosto.

No me busques

—te encontraré —

tras cualquier pedazo de mi

que desea cada una de tus partes.

Porque no queda un rastro

—tu olor en mis manos —

Un suspiro

—tu piel en mi lengua —

Ya no es mía

de tu cuerpo salado dentro de mi boca.

Y nos miramos

—nos vemos —

reflejos de tu yo en mi

dentro de ti

—nace para morir —

entre nuestros cuerpos entrelazados.

Costumbre la mía

de decir tantas bobadas

pensando en la loca

que emboba mis manos y mis palabras.

Costumbre la tuya

dejarme enloquecer

acostumbrarme a no dejarme

quererme para que no me acostumbre.

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