La batalla

Miré a mí “enemigo” a los ojos y supe que recorrería con mi lengua cada parte de sus trincheras.

Había un plan para atacar…

La batalla comenzará en sus labios, sin parpadear. Su cuello, sus pechos, su espalda, sus piernas…

Había un plan para defenderse…

Debo soportar cada caricia, cada beso, cada impulso contra mi cuerpo; sin desfallecer y caer en un temblor que me derrote.

Había un plan para rendirse…

Esperará que la mire por última vez, abrirá su boca, y una vez dentro de todas sus cuevas, morirá alcanzando un grito de rendición. Entonces, me rendiré junto a ella, dentro de su alma.

Había un plan para huir…

Dados por muertos, agarraré su mano; para no soltarla jamás y desaparecer entre los almendros.

Y así, no habría ni vencedor ni vencido. Porque juntos sólo seremos indestructibles. Yo y mi “enemigo”. Con miles de batallas que librarnos en el horizonte.

 

Imagen: “Los Borgia”, Milo Manara.

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