Olvidarte a diario

Refugiarme en este este síndrome de Diógenes de tus recuerdos, sin cartas para poder jugar la siguiente mano y con sonrisa de póquer.

Construyendo de nuevo mis trincheras, un muro invisible para no recibir asedios; para mirar por un pequeño agujero. No mostrar lo que soy, mis virtudes (también mis defectos).

Las huellas de tus besos en mi piel queman como la cera de velas. Iluminan la habitación dónde aún baila tu sombra. Donde aún se oye tu voz, tu risa… Vuelvo a la esquina del ring para saltar a la lona, luchar… Contra gigantes, sombras y olas. Para sentir los golpes y que cada bocanada de sangre sea escupida hasta que duela respirar. Gritar y volver a golpear sin perder el equilibrio.

Soñar despierto en el lado de la cama más cercano al techo, resbalar por las paredes hasta caer de nuevo; lianas que me mecen de un lado a otro de la habitación

La música de esta canción no es nueva para mi, hasta que deje de sonar, sólo quedará pelear.

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